jueves, 25 de agosto de 2011

¿Por qué te afligís asi? - dijo Oliveira-. Los ríos metafísicos pasan por cualquier lado, no hay que ir muy lejos para encontrarlos. Mirá, nadie se habrá ahogado con tanto derecho como yo. Te prometo una cosa: acordarme de vos a último momento para que sea todavía más amargo. Un verdaderp folletin, con tapa de tres colores.
-No te vayas- murmuró la Maga, apretándole las piernas.
-Una vuelta por ahí, nomás.
-No, te vayas.
-Dejame. Sabés muy bien que voy a volver, por lo menos esta noche.
-Vamos juntos- dijo la Maga-.Ves Rocamadour duerme, va a estar tranquilo hasta la hora del biberón. Tenemos dos horas, vamos al café del barrio árabe, ese cafecito triste donde se ésta tan bien.
Pero Oliveira quería salir solo. Empezó a librar poco a poco las piernas del brazo de la Maga. Le acariciaba el pelo,le pasó los dedos por el collar, la beso en la nuca, detrás de la oreja, oyéndola llorar con todo el pelo colgándole en la cara. *Chantajes no,* pensaba *Lloremos cara a cara, pero no ese hipo barato que se aprende en el cine.*
Levanto la cara, la obligó a mirarlo.
- El canalla soy yo -dijo Oliveira-. Dejame pagara mí. Llorá por tu hijo que, a lo mejor se muere, pero no malgastes las lágrimas conmigo. Madre mía, desde los tiempos de Zola no se veía una escena semejante. Dejame salir, por favor.
-¿Por qué? - dijo la Maga, sin moverse del suelo, mirándolo como un perro.
-¿Por qué qué?
-¿Por qué?
-Ah, vos querés decir por qué todo esto. Andá a saber, yo creo que ni vos ni yo tenemos demasiado la culpa. No somos adultos, Lucía. Es un mérito pero se paga caro. Los chicos se tiran de los pelos después de haber jugado. Debe ser algo así. Habría que pensarlo.

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