
Un día te despiertas a mitad de la noche, miras tú alrededor y se te ocurre ver las estrellas. Te comparas con el mundo, te comparas con el manto que cubre todo aquello que tus ojos alcanzan a distinguir. ¡Y te das cuenta de que no Eres nada! No tienes voz, no tienes poder, no tienes la capacidad de cambiar las cosas que te molestan (aún más viviendo en un país con la situación de México) ¡y te sientes triste! Siempre escuchas que las personas dicen "Querer es poder", pero tú no puedes.
Eres una persona tan indescriptiblemente pequeña, dentro de un vasto mundo de personalidades, algunas que comparten tu insignificancia, otras que tienen una influencia dentro del sistema y que Tienen la capacidad de cambiar las cosas, pero no lo hacen. Cuando caigo en ese punto me pregunto a mi misma si ellos en algún momento también se sintieron así, si ellos también sintieron que eran un microbio en un universo rebosante de materia que se mueve, transmuta, renace, muere, baila en su infinidad y coexiste de una forma tan extraordinaria.
Vuelvo a recostarme...
Y mi mente comienza a divagar en el universo, sintiendo su frialdad, tocando las nubes de polvo cósmico, mirando los planetas, corriendo sobre los anillos de Saturno, sumergiéndome en un mar de Helio en las entrañas de Júpiter, teniendo los ojos bien abiertos para no perderme un sólo detalle de aquellas gigantescas obras de arte.
Pienso en mis problemas, en mis inconformidades, en todo aquello que me rodea y todo resulta banal. Pues ¿qué somos nosotros, la humanidad, accidente o milagro de la naturaleza frente a todo un Universo repleto de vida? Nada nos pertenece, a nada le pertenecemos, simplemente coexistimos. Y me doy cuenta de que me preocupo demasiado.
Eres una persona tan indescriptiblemente pequeña, dentro de un vasto mundo de personalidades, algunas que comparten tu insignificancia, otras que tienen una influencia dentro del sistema y que Tienen la capacidad de cambiar las cosas, pero no lo hacen. Cuando caigo en ese punto me pregunto a mi misma si ellos en algún momento también se sintieron así, si ellos también sintieron que eran un microbio en un universo rebosante de materia que se mueve, transmuta, renace, muere, baila en su infinidad y coexiste de una forma tan extraordinaria.
Vuelvo a recostarme...
Y mi mente comienza a divagar en el universo, sintiendo su frialdad, tocando las nubes de polvo cósmico, mirando los planetas, corriendo sobre los anillos de Saturno, sumergiéndome en un mar de Helio en las entrañas de Júpiter, teniendo los ojos bien abiertos para no perderme un sólo detalle de aquellas gigantescas obras de arte.
Pienso en mis problemas, en mis inconformidades, en todo aquello que me rodea y todo resulta banal. Pues ¿qué somos nosotros, la humanidad, accidente o milagro de la naturaleza frente a todo un Universo repleto de vida? Nada nos pertenece, a nada le pertenecemos, simplemente coexistimos. Y me doy cuenta de que me preocupo demasiado.
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