domingo, 30 de mayo de 2010

Palida Mors

PALIDA MORS


A Julián del Casal

Quién lo dijera! Como una furia
cayó la muerte sobre tu seno,
porque... ¡quien sabe si es una injuria
el ser poeta, joven y bueno!

De tí no tuvo lástima alguna,
cual no la tienen los aquilones
del blanco esquife que en la laguna
conduce alegre dos corazones.

¿Cuál fué tu crimen? ¿Qué mal hiciste?
¡Ah! Si te hirieron con saña y dolo,
es porque siempre te vieron triste,
es porque siempre te vieron solo!

Abrazado al fantasma de tus quimeras
descendiste á ala fosa, callada y fría,
porque el cielo ha querido que te murieras
para aumentar angustias como la mía.

Tu recuerdo irá siempre junto conmigo
aunque mis ilusiones se desesperen:
la ternura del alma se fué contigo....
¡siempre se llevan algo los que se mueren!

En tus inimitables estrofas bellas,
los apóstrofes llenos de pesimismo
me han parecido siempre que son estrellas
asomadas al borde de un negro abismo.

Como adorables flores guardo tus versos
y en ellos hallar supe secreto aroma;
son el ala de un ángel porque son tersos:
quéjase oculto en ellos una paloma.

Se hospedaba en tu numen la fantasía
como se hospeda el iris en las cascadas:
tu verso era un asilo que no se abría
más que para las almas infortunadas!

No me fué dable ver tus despojos,
mas, desde lejos y con la mente,
arrodillado cerré tus ojos
y arrodillado besé tu frente.

¿Cuál fué tu crimen? ¿Qué mal hiciste?
¡Ah! Si te hirieron con saña y dolo,
es porque siempre te vieron triste,
es porque siempre te vieron solo!

1893 Bonifacio Byrne

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